Pastizales


        Favorecidos por el manejo humano, son las comunidades más diversas y variables. El propio ganado, que los busca con avidez, influye en su composición y extensión. Están dominados por numerosas especies de gramíneas y leguminosas que sería prolijo enumerar. Se hará mención a aquellas más vistosas y las que mejor caracterizan cada tipo de pastizal.

         Los pastizales terofíticos, en los que predominan las plantas anuales, se disponen en suelos poco profundos y soleados. Como plantas vernales aparecen Teesdalia coronopifolia, Veronica arvensis, Arabidopsis thaliana, Aphanes microcarpa, Cerastium diffusum, Romulea columnae, Spergula morisonii o la liendre (Erophila verna). En los suelos desnudos crece Crassula tillaea y en orientaciones de solana destacan Stachys arvensis y Asterolinon linum-stellatum. Más tarde crecen leguminosas como la cresta de gallo (Anthyllis lotoides), el carnezuelo (Ornithopus compressus) o diversos tréboles (Trifolium arvense, T. gemellum), gramineas como Molineriella laevis, Aira caryophyllea, Anthoxantum aristatum o Vulpia myuros, compuestas como Evax lasiocarpa, Tolpis umbellata, Leontodon saxatilis, Crepis capillaris, Logfia minima, L. gallica, Hypochoeris glabra o Hispidella hispanica y otras especies como los sanmigueles (Ranunculus paludosus), Xolantha gutatta, Rumex acetosella subsp. angiocarpus, Silene scabrifora, S. gallica, Parentucellia latifolia, Jasione montana, Campanula lusitanica, Sesamoides purpurascens, Linum tryginum, Euphorbia exigua, Knautia arvensis o Pterocephalidium diandrum. Dentro de estos es de destacar los pastizales humícolas y escionitrófilos vernales que se desarrollan al amparo de la sombra de los robles, cerca de los sesteaderos del ganado. Aquí encontramos especies como Cardamine hirsuta, Cerastium glomeratum, Stellaria media, Cynosurus echinatus, Sherardia arvensis, Torilis arvensis o Viola kitaibeliana.

            Existen otros pastizales dominados por especies vivaces en los que se aprecia una clara gradación según las condiciones de humedad. Desde los majadales de Poa bulbosa y Trifolium subterraneum, con los picos de cigüeña, Erodium cicutarium, donde florecen en otoño la quitameriendas (Merendera montana) y Scilla autumnalis, hasta los más próximos a los arroyos con Deschampsia cespitosa y Carum verticillatum. Intermedios de estos están los dominados por gramineas como Cinosurus cristatus, el cervuno (Nardus stricta), Dhantonia decumbens, Arrhenatherum elatius y otras especies como Scilla ramburei, Juncus squarrosus, Lobelia urens, Filipendula vulgaris, Pedicularis sylvatica, Ranunculus repens, Centaurea triunfetti o Parentucellia viscosa. Spiranthes aestivalis, Orchis coriophora, Serapias lingua y S. parviflora, son cuatro orquídeas que aparecen en ellos.

            Es interesante mencionar la presencia en algunos valles como el de Peralasierpe de la especie Succisella carvalhoana, una dipsacácea muy escasa en la península y que sólo se ha encontrado, dentro del futuro espacio protegido de “El Rebollar”, en Martiago. Que conste que a mi no me gusta llamarlo así, preferiría que fuese el “Parque Natural de los rebollares de la Sierra de Gata salmantina”

            En aquellos lugares aquerenciados por el ganado como sesteaderos, los rodeos, crecen especies con apetencias más nitrófilas como las crucíferas Raphanus raphanistrum y Bunias erucago, en primavera, Bromus hordeaceus, B. Sterilis (plantas que en verano te dejan los calcetines llenos de argañas), Lolium rigidum, Taeniatherum caput-medusae, Echium plantagineum, Rumex pulcher, Hordeum murinum, H. histrix, Verbascum pulverulentum, incluso Datura stramonium en el rodeo de Las Majaíllas, dando lugar a los pastizales agostantes subnitrófilos.


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